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Hay días que nos encontramos en un estado de ánimo neutral, uno de esos días en los que no estamos ni bien ni mal, solo estamos; y esto, es porque nos acostumbramos a tener una rutina establecida, una cotidianidad ya clara, y en estos tiempos se podría decir que cronometrada.

En un caso hipotético, tomando como ejemplo que soy un trabajador de oficina, pongo el despertador a las seis de la mañana, me da tiempo para presionar el botón de snooze un par de veces y levantarme, como ahí ya perdí 20 minutos, o más bien los invertí en descansar, el tiempo que me queda ya es muy corto para bañarme, vestirme, preparar desayuno, comerlo, lavarme los dientes y hacer esa lista de cosas que hago todos los días antes de salir.

A pesar de haberme bañado hace pocos minutos, al realizar tantas actividades en tan poco tiempo ya salgo acalorado, me monto al carro, manejo hasta el trabajo, laboro por 8 o 10 horas, termina el día, apago el computador, dejo a un lado los documentos, me monto al carro, manejo hacia mi casa, preparo algo de comer, me duermo, suena el despertador a las 6 de la mañana, la pospongo, y vuelvo a empezar mi día tal cual lo hice ayer.

Obviamente no es una rutina generalizada, todos tenemos una vida muy diferente, este fue solo un ejemplo para podernos guiar por algo y llegar al punto que nos interesa ¿qué hacer?, porque imagina en unos años mirar atrás y ver que siempre hiciste lo mismo, que no pasó nada interesante.

Los psicólogos han venido estudiando el daño que le hace la monotonía tu vida y es necesario tratar de eliminarla; ellos aconsejan que lo mejor es hacer cosas diferentes, en otros horarios, con otras comidas, escuchar otros géneros de música y en especial, trazar metas para tu vida.

Así que mira todo lo que te rodea, cuestiónate sobre lo que ves, qué quieres en tu futuro y en la actualidad, qué es lo que te motiva; así, con seguridad, tendrás mejores historias que contar.